Reflexión sobre un gesto tan «natural» como tirar los papeles al suelo
La buena educación
ESPERANZA MEDINA PROFESORA Y POETA Domingo de Ramos, sol, las terrazas a rebosar. Gente guapa y no tan guapa con ganas de verano. Ropa nueva, primaveral.
Prohibición de fumar en los bares, hay que salir fuera. Sin problemas, hace sol y dentro no se nos ha perdido nada.
Fumar fuera no quiere decir necesariamente salir del bar con la cajetilla recién comprada tirando a la acera cada trozo de plástico o papel que se quita para inaugurarla y fumar el primer cigarrillo. Eso sí, con naturalidad, con gran naturalidad, como si se hiciese todos los días (me temo que así es). Debo reconocer que me impactó el gesto de la atractiva dama.
Me ha sorprendido siempre la soltura con que algunas personas tiran a la calle todo tipo de objetos. En ocasiones me apetece ser un poco mala, llamarles con exquisita educación para decirles que «se les ha caído algo al suelo». Pero soy tímida y la mayor parte de las veces sólo lo pienso.
Últimamente se habla mucho de la educación española, mejor debería decir «se desprecia mucho» la educación española, y ahora me refiero a los conocimientos que nuestros jóvenes poseen al terminar la escuela, a las habilidades, destrezas, hábitos, etcétera relacionados con el aprendizaje. Van de boca en boca las maravillas de la educación finlandesa, su método de trabajo, sus logros, sus resultados, parece ser que a años luz de los nuestro. Se culpa de todo, como no, a la «ineptitud» de nuestros profesores. Que posiblemente muchas veces lo podríamos hacer mejor, pero nos faltan esos métodos con los que, por desgracia, la universidad no nos puso en contacto en su momento. La mayoría de los maestros aprendemos a ser docentes como a conducir, con el día a día, con el contacto con nuestros alumnos y compañeros que nos muestran el camino que ellos ya anduvieron.
Pero de lo que sí estoy segura es de que todos y cada uno de nosotros le contamos a nuestro alumnado cómo comportarse de manera cívica en el entorno social y natural en que nos movemos. «Los papeles a la papelera, la basura al contenedor» es la cancioncilla que repiten niños y niñas desde los primeros años de colegio. Para que luego cuando algunos de ellos les dan el papel del caramelo o la bolsa de patatitas recién terminada a sus progenitores éstos lo tiren al suelo sin ningún remordimiento.
Me pregunto si será que las papeleras de Finlandia están mejor situadas que las nuestras.
lunes, 25 de abril de 2011
lunes, 11 de abril de 2011
Anónimos
En esta época de la comunicación global abundan los que tiran la piedra y esconden la mano
Anónimos
ESPERANZA MEDINA POETA Y PROFESORA Cada día les leo algún poema a mis alumnos, no pretendo que lo entiendan ni que lo recuerden, sólo que se acostumbren a oír esa forma de literatura que parece que con el tiempo asusta tanto: la poesía.
La rutina es siempre la misma: nos saludamos cada mañana, nos sentamos en círculo, vemos qué día es, qué tiempo hace, hablamos de nuestras cosas, de lo que haremos y yo les leo. Primero el título, y luego el autor. Por último el poema. Dependiendo de la reacción que tengan, releo el poema o paso a otro. Esa actividad no nos lleva más de diez minutos cada mañana pero, curiosamente, cuando se me olvida la echan de menos y me recuerdan que no les he leído ningún poema. Tengo que confesar que ese momento siempre, por lo inesperado, me encanta.
De ninguna manera mi pretensión es que conozcan a los autores y sus nombres, eso suele aportar muy poco a la relación que empiezan a mantener con la poesía, pero me gusta que sepan que hay alguien detrás de cada texto y de cada imagen porque ellos también son y serán creadores de textos y de imágenes que pueden interesar a los demás. No en vano uno de los objetivos de esta etapa educativa en la que trabajo es valorar y respetar las obras artísticas propias y ajenas. No obstante, de vez en cuando nos topamos con creaciones de autor desconocido, así que han llegado a entender lo que significa «anónimo» y a valorar de la misma manera estos textos que los que llevan firma. No saben todavía que hay otro tipo de anónimos, sin buenas intenciones y ningún tipo de valentía.
Y es que esta época nuestra de la comunicación global a través de internet facilita el abuso del anonimato, muchas veces disfrazado con nombre y apellido, falsos, que sólo quiere hacernos confiar o simplemente esconderse. Estos niños y niñas tendrán que aprender también eso, a recelar de los que tiran la piedra y esconden la mano.
Me gusta pensar que con el tiempo todos serán adultos sensatos, que defenderán sus gustos y opiniones sin miedos y sin reservas, porque no necesitarán justificarse para ser como son, sólo respetar al otro y «valorar sus producciones» como dice el currículo escolar. Lo realmente importante no es que lleguen a tener muchos conocimientos, sino que esos conocimientos los lleve a ser personas críticas constructoras de futuro.
Apliquémonos el cuento y sirvámosles de ejemplo.
Anónimos
ESPERANZA MEDINA POETA Y PROFESORA Cada día les leo algún poema a mis alumnos, no pretendo que lo entiendan ni que lo recuerden, sólo que se acostumbren a oír esa forma de literatura que parece que con el tiempo asusta tanto: la poesía.
La rutina es siempre la misma: nos saludamos cada mañana, nos sentamos en círculo, vemos qué día es, qué tiempo hace, hablamos de nuestras cosas, de lo que haremos y yo les leo. Primero el título, y luego el autor. Por último el poema. Dependiendo de la reacción que tengan, releo el poema o paso a otro. Esa actividad no nos lleva más de diez minutos cada mañana pero, curiosamente, cuando se me olvida la echan de menos y me recuerdan que no les he leído ningún poema. Tengo que confesar que ese momento siempre, por lo inesperado, me encanta.
De ninguna manera mi pretensión es que conozcan a los autores y sus nombres, eso suele aportar muy poco a la relación que empiezan a mantener con la poesía, pero me gusta que sepan que hay alguien detrás de cada texto y de cada imagen porque ellos también son y serán creadores de textos y de imágenes que pueden interesar a los demás. No en vano uno de los objetivos de esta etapa educativa en la que trabajo es valorar y respetar las obras artísticas propias y ajenas. No obstante, de vez en cuando nos topamos con creaciones de autor desconocido, así que han llegado a entender lo que significa «anónimo» y a valorar de la misma manera estos textos que los que llevan firma. No saben todavía que hay otro tipo de anónimos, sin buenas intenciones y ningún tipo de valentía.
Y es que esta época nuestra de la comunicación global a través de internet facilita el abuso del anonimato, muchas veces disfrazado con nombre y apellido, falsos, que sólo quiere hacernos confiar o simplemente esconderse. Estos niños y niñas tendrán que aprender también eso, a recelar de los que tiran la piedra y esconden la mano.
Me gusta pensar que con el tiempo todos serán adultos sensatos, que defenderán sus gustos y opiniones sin miedos y sin reservas, porque no necesitarán justificarse para ser como son, sólo respetar al otro y «valorar sus producciones» como dice el currículo escolar. Lo realmente importante no es que lleguen a tener muchos conocimientos, sino que esos conocimientos los lleve a ser personas críticas constructoras de futuro.
Apliquémonos el cuento y sirvámosles de ejemplo.
martes, 29 de marzo de 2011
De inventos y otras ilusiones
No hay que perder la esperanza de tener algún día una idea ingeniosa
De inventos y otras ilusiones
ESPERANZA MEDINA PROFESORA Y POETA Supongo que les ocurre a todos los niños, en una cierta época de su vida: su imaginación necesita realidades palpables y deciden ser inventores. Mi hermano y yo habíamos intentado serlo unas cuantas veces, sólo en una ocasión nuestro invento fue eficaz, pero a medias.
Con otros amigos planeamos la posibilidad de crear algún brebaje que reviviera a las plantas mustias, pero para realizar el experimento primero teníamos que inventar otro que acabase con las plantas lustrosas: «el mata-plant» lo llamamos. Fue todo un éxito. Juntamos en un tarro colonias y cremas que encontramos en el baño con unos chorros de lejía y detergente, bajamos a la calle y lo probamos con un diente de león que brotaba junto a la acera. Al día siguiente comprobamos que nuestro mejunje había sido totalmente eficaz, lo malo es que no fuimos capaces de dar con la fórmula para revivir de nuevo a la planta objeto del experimento. En todo caso, parece que teníamos ya la suficiente intuición del posible peligro al no decidir probarlo con los geranios de mi madre.
Desde ese día sigo totalmente eso de que «los experimentos, con gaseosa» y procuro ir a lo seguro. Por evitar males mayores.
No obstante, me produce cierta envidia la constatación de la aparente sencillez de multitud de inventos que nos facilitan la vida (otros son realmente complicados para mí y ni siquiera me planteo que pudiese entender su proceso de creación).
Posiblemente ésa sea la razón por la que siempre presto atención a las noticias sobre nuevos artilugios y a los objetos que sirven para varias actividades aparentemente dispares, como la propuesta que leía estos días del Museo de Ideas e Inventos de Barcelona, donde se muestran creaciones «tan curiosas como una fregona con micrófono incorporado, o una ingeniosa maceta que se mueve por sí misma en busca de los rayos del Sol». No me queda muy claro para qué sirve la fregona con micrófono, a no ser para que los amantes de cantar mientras trabajan amenicen con su voz a los vecinos, lo cual también puede convertirse en un riesgo. La utilidad de la maceta la veo más clara y evitaría tener que preocuparme de girar las plantas para que crezcan rectas y no inclinadas hacia la ventana.
En cualquier caso, me quedo con ganas de visitar la muestra y aplaudo el lema que la anima: «No todo está inventado». Una nunca pierde la esperanza de tener algún día una idea ingeniosa.
De inventos y otras ilusiones
ESPERANZA MEDINA PROFESORA Y POETA Supongo que les ocurre a todos los niños, en una cierta época de su vida: su imaginación necesita realidades palpables y deciden ser inventores. Mi hermano y yo habíamos intentado serlo unas cuantas veces, sólo en una ocasión nuestro invento fue eficaz, pero a medias.
Con otros amigos planeamos la posibilidad de crear algún brebaje que reviviera a las plantas mustias, pero para realizar el experimento primero teníamos que inventar otro que acabase con las plantas lustrosas: «el mata-plant» lo llamamos. Fue todo un éxito. Juntamos en un tarro colonias y cremas que encontramos en el baño con unos chorros de lejía y detergente, bajamos a la calle y lo probamos con un diente de león que brotaba junto a la acera. Al día siguiente comprobamos que nuestro mejunje había sido totalmente eficaz, lo malo es que no fuimos capaces de dar con la fórmula para revivir de nuevo a la planta objeto del experimento. En todo caso, parece que teníamos ya la suficiente intuición del posible peligro al no decidir probarlo con los geranios de mi madre.
Desde ese día sigo totalmente eso de que «los experimentos, con gaseosa» y procuro ir a lo seguro. Por evitar males mayores.
No obstante, me produce cierta envidia la constatación de la aparente sencillez de multitud de inventos que nos facilitan la vida (otros son realmente complicados para mí y ni siquiera me planteo que pudiese entender su proceso de creación).
Posiblemente ésa sea la razón por la que siempre presto atención a las noticias sobre nuevos artilugios y a los objetos que sirven para varias actividades aparentemente dispares, como la propuesta que leía estos días del Museo de Ideas e Inventos de Barcelona, donde se muestran creaciones «tan curiosas como una fregona con micrófono incorporado, o una ingeniosa maceta que se mueve por sí misma en busca de los rayos del Sol». No me queda muy claro para qué sirve la fregona con micrófono, a no ser para que los amantes de cantar mientras trabajan amenicen con su voz a los vecinos, lo cual también puede convertirse en un riesgo. La utilidad de la maceta la veo más clara y evitaría tener que preocuparme de girar las plantas para que crezcan rectas y no inclinadas hacia la ventana.
En cualquier caso, me quedo con ganas de visitar la muestra y aplaudo el lema que la anima: «No todo está inventado». Una nunca pierde la esperanza de tener algún día una idea ingeniosa.
lunes, 14 de marzo de 2011
Nombres propios
Todos aquellos que se llaman como nosotros
Nombres propios
ESPERANZA MEDINA Si alguna tarde invernal de domingo, de esas que nos pesan tanto por la cercanía del lunes, alguno de ustedes ya no sabe qué hacer para alejarse del sofá un rato, pruebe a estirar brevemente las piernas y teclear su nombre y apellido en alguno de los buscadores de internet: al minuto encontrará posiblemente cientos de entradas que investigar.
Es probable que en un primer momento sienta un cierto temor: no es posible que se conozca tanto de su persona como para aparecer citado tan alto número de veces. Pero, tranquilo, una vez que vaya abriendo ventanitas con su nombre y apellido se percata uno de que hay muchos «Fulanitos o Fulanitas de Tal» en el orbe.
Entonces es posible que aparezca la decepción, porque llamarse «Fulanito de Tal» no parecía una circunstancia frecuente, es más, usted sólo conoce a los «Tal» de su familia y a algún primo lejano que vive en Portugal y conserva el apellido de su madre, pero no, de ése no hablan en internet.
Del temor a la decepción y de la decepción al interés: ¿cómo serán todos aquellos que se llaman como usted? ¿A qué se dedicarán, qué contarán de su vida?
Uno por uno puede ir descubriendo que su nombre también les pertenece a personas muy variopintas, con intereses muy diferentes, al menos los que trascienden a la red. Puede, incluso, tener la tentación de intentar contactar con ellos. Tenga cuidado, llamarse como usted no significa ser buena persona, ni siquiera que sea su nombre real.
No obstante, se puede fantasear con las otras vidas de los «Fulanitos de Tal» e, incluso, llegar a sentirlos como parte de una familia virtual de la que nunca sabrán que son miembros.
Y es que al final ni nuestro propio nombre nos pertenece del todo. Ser originales en este mundo es prácticamente imposible, un intento inútil e infructuoso. Para muchos que nos miran por encima del hombro éste debería ser un ejercicio de humildad obligatorio. Al final sólo somos un nombre, un nombre que se puede repetir un gran número de veces.
Después de todo, los nombres propios sólo lo son porque los demás los usan para nombrarnos, no porque nos pertenezcan en exclusividad. Exactamente lo mismo que en el resto de las cosas en que nos sentimos únicos. Algo me une a las Esperanzas Medinas del mundo: esta fantasía mía que no descansa ni los domingos por la tarde.
Nombres propios
ESPERANZA MEDINA Si alguna tarde invernal de domingo, de esas que nos pesan tanto por la cercanía del lunes, alguno de ustedes ya no sabe qué hacer para alejarse del sofá un rato, pruebe a estirar brevemente las piernas y teclear su nombre y apellido en alguno de los buscadores de internet: al minuto encontrará posiblemente cientos de entradas que investigar.
Es probable que en un primer momento sienta un cierto temor: no es posible que se conozca tanto de su persona como para aparecer citado tan alto número de veces. Pero, tranquilo, una vez que vaya abriendo ventanitas con su nombre y apellido se percata uno de que hay muchos «Fulanitos o Fulanitas de Tal» en el orbe.
Entonces es posible que aparezca la decepción, porque llamarse «Fulanito de Tal» no parecía una circunstancia frecuente, es más, usted sólo conoce a los «Tal» de su familia y a algún primo lejano que vive en Portugal y conserva el apellido de su madre, pero no, de ése no hablan en internet.
Del temor a la decepción y de la decepción al interés: ¿cómo serán todos aquellos que se llaman como usted? ¿A qué se dedicarán, qué contarán de su vida?
Uno por uno puede ir descubriendo que su nombre también les pertenece a personas muy variopintas, con intereses muy diferentes, al menos los que trascienden a la red. Puede, incluso, tener la tentación de intentar contactar con ellos. Tenga cuidado, llamarse como usted no significa ser buena persona, ni siquiera que sea su nombre real.
No obstante, se puede fantasear con las otras vidas de los «Fulanitos de Tal» e, incluso, llegar a sentirlos como parte de una familia virtual de la que nunca sabrán que son miembros.
Y es que al final ni nuestro propio nombre nos pertenece del todo. Ser originales en este mundo es prácticamente imposible, un intento inútil e infructuoso. Para muchos que nos miran por encima del hombro éste debería ser un ejercicio de humildad obligatorio. Al final sólo somos un nombre, un nombre que se puede repetir un gran número de veces.
Después de todo, los nombres propios sólo lo son porque los demás los usan para nombrarnos, no porque nos pertenezcan en exclusividad. Exactamente lo mismo que en el resto de las cosas en que nos sentimos únicos. Algo me une a las Esperanzas Medinas del mundo: esta fantasía mía que no descansa ni los domingos por la tarde.
martes, 1 de marzo de 2011
Cuestión de fe
El ahorro de combustible en las autopistas y autovías
Cuestión de fe
ESPERANZA MEDINA PROFESORA Y POETA Tantas noches en vela, tantos dolores de cabeza, tantas plegarias buscando una solución y por fin ha ocurrido lo que anhelaba, el milagro que no esperaba pudiera llegar: una medida que viene desde el gobierno para que yo ahorre.
Me he rendido ante la factura de la luz, ante el precio del transporte público, ante las subida de todo lo que me rodea y es susceptible de ser cobrado y la merma de los ingresos. Más que rendirme quizás debería decir que me he resignado a sentir que me roban y aceptar que, al ser mal de muchos, muchísimos otros, si no me consuela, al menos me deja desarmada y por consiguiente sin capacidad de defensa.
Y sin embargo ahora resulta que ahorrar combustible es tan fácil como bajar en 10 kilómetros el límite de velocidad en autopistas y autovías. Si era tan sencillo no entiendo cómo no se nos había ocurrido antes. No hay ninguna necesidad de que nos lo prohíban, si acaso que nos den una tarjeta con el equivalente de ahorro en combustible cada vez que levantamos el pie del acelerador y por cada kilómetro de velocidad que reducimos, así podríamos calcular tranquilamente lo que queremos gastar y adecuar a nuestra economía el uso responsable del coche. Que no llego a fin de mes, pues madrugo un poco más y no paso de 100 por la autopista.
Estoy esperando con verdadera ansiedad que en los próximos días nos propongan una medida tan sencilla para ahorrar con el gas y la electricidad, porque tengo que confesar que por mucho que me empeño en poner bombillas de bajo consumo en todas las lámparas de mi casa no noto que se rebaje nada la factura.
Al hilo de esto me asalta una terrible duda, ¿los 10 kilómetros serán como las bombillas de bajo consumo, que seguro que funcionan y se ahorra muchísima energía pero que para mí es más cuestión de fe que de otra cosa porque no he notado que pagase menos.
En cualquier caso, recomiendo a todos ustedes que, como yo, tengan fe en las medidas de ahorro energético que nos proponen y levanten el pie del acelerador a partir del próximo 7 de marzo. Su bolsillo se lo agradecerá, seguro, si no ya por el ahorro de combustible sí al menos por evitar la multa debida al exceso de velocidad.
Y ante este caos que nos rodea, que Dios reparta suerte.
Cuestión de fe
ESPERANZA MEDINA PROFESORA Y POETA Tantas noches en vela, tantos dolores de cabeza, tantas plegarias buscando una solución y por fin ha ocurrido lo que anhelaba, el milagro que no esperaba pudiera llegar: una medida que viene desde el gobierno para que yo ahorre.
Me he rendido ante la factura de la luz, ante el precio del transporte público, ante las subida de todo lo que me rodea y es susceptible de ser cobrado y la merma de los ingresos. Más que rendirme quizás debería decir que me he resignado a sentir que me roban y aceptar que, al ser mal de muchos, muchísimos otros, si no me consuela, al menos me deja desarmada y por consiguiente sin capacidad de defensa.
Y sin embargo ahora resulta que ahorrar combustible es tan fácil como bajar en 10 kilómetros el límite de velocidad en autopistas y autovías. Si era tan sencillo no entiendo cómo no se nos había ocurrido antes. No hay ninguna necesidad de que nos lo prohíban, si acaso que nos den una tarjeta con el equivalente de ahorro en combustible cada vez que levantamos el pie del acelerador y por cada kilómetro de velocidad que reducimos, así podríamos calcular tranquilamente lo que queremos gastar y adecuar a nuestra economía el uso responsable del coche. Que no llego a fin de mes, pues madrugo un poco más y no paso de 100 por la autopista.
Estoy esperando con verdadera ansiedad que en los próximos días nos propongan una medida tan sencilla para ahorrar con el gas y la electricidad, porque tengo que confesar que por mucho que me empeño en poner bombillas de bajo consumo en todas las lámparas de mi casa no noto que se rebaje nada la factura.
Al hilo de esto me asalta una terrible duda, ¿los 10 kilómetros serán como las bombillas de bajo consumo, que seguro que funcionan y se ahorra muchísima energía pero que para mí es más cuestión de fe que de otra cosa porque no he notado que pagase menos.
En cualquier caso, recomiendo a todos ustedes que, como yo, tengan fe en las medidas de ahorro energético que nos proponen y levanten el pie del acelerador a partir del próximo 7 de marzo. Su bolsillo se lo agradecerá, seguro, si no ya por el ahorro de combustible sí al menos por evitar la multa debida al exceso de velocidad.
Y ante este caos que nos rodea, que Dios reparta suerte.
martes, 15 de febrero de 2011
Universidad
Lo mío con la literatura fue como un flechazo, de esos de Cupido, totalmente a ciegas
Universidad
ESPERANZA MEDINA PROFESORA Y POETISA A mí, de siempre, lo que más me ha gustado ha sido la literatura. Por eso cuando en COU descubrí que había una carrera universitaria dedicada exclusivamente a su estudio supe que eso era lo que yo quería hacer. Fue como un flechazo, de esos de Cupido, totalmente a ciegas. Luego, la universidad me dio unas de cal y otras de arena, pero no me arrepiento de haber hecho Filología y de aquellos cinco años en el entorno de Feijoo.
No faltó quién me aconsejase comenzar cualquier otra carrera, alguna que «tuviese salida», un licenciado en Literatura Española tenía poco que hacer ya entonces en el mundo laboral, mucho mejor intentar alguna de las nuevas titulaciones en informática. Pero desde el principio lo tuve claro: con dieciocho años puedo dedicarme a estudiar lo que quiera y luego ya trabajaré de lo que sea.
En aquellos años cualquiera podía acceder a la universidad, eso sí, una vez que se hubiese terminado el BUP, el COU y aprobado la «selectividad» con mayor o menor nota según la carrera elegida. Cortapisas suficientes, creo yo, para que abandonasen quienes no estuviesen realmente interesados y para buena parte del resto estaba el primer curso en el que bastantes de los matriculados iban descolgándose antes de llegar junio.
Supongo que seguirá siendo más o menos lo mismo, dudo que nadie apruebe sólo por matricularse. Y eso me lleva a ponerme en guardia cuando oigo que tenemos demasiados universitarios en paro, que hay que endurecer el acceso a la universidad, adecuarlo a las necesidades del mercado laboral.
Y es que lo importante no es que los parados sean o no universitarios, sino el número de ellos que se va acumulando en los últimos años. Las necesidades cotidianas las tenemos todos, no dependen de nuestra afición al estudio (entiéndase las de cobrar un sueldo y subsistir dignamente día a día). En su momento estudié lo que me gustaba sabiendo que tendría que trabajar de lo que pudiera. Seguí estudiando y trabajando a la vez. Algunos de mis amigos sacaron la carrera después de tener un oficio. Otros no han necesitado pasar por la universidad para ser personas y trabajadores competentes.
Pero todos hemos tenido la oportunidad de formarnos cómo y dónde quisimos. Y eso es un logro de la sociedad democrática.
Posiblemente esté equivocada, pero no entiendo la universidad sólo como un aprendizaje para el futuro laboral, supeditado al mercado empresarial. Más bien la veo como el germen de las nuevas épocas, de la investigación, el avance y el paso hacia adelante. Si los parámetros de la enseñanza universitaria los marcan las empresas avanzaremos por caminos interesados, ninguna es una ONG.
Universidad
ESPERANZA MEDINA PROFESORA Y POETISA A mí, de siempre, lo que más me ha gustado ha sido la literatura. Por eso cuando en COU descubrí que había una carrera universitaria dedicada exclusivamente a su estudio supe que eso era lo que yo quería hacer. Fue como un flechazo, de esos de Cupido, totalmente a ciegas. Luego, la universidad me dio unas de cal y otras de arena, pero no me arrepiento de haber hecho Filología y de aquellos cinco años en el entorno de Feijoo.
No faltó quién me aconsejase comenzar cualquier otra carrera, alguna que «tuviese salida», un licenciado en Literatura Española tenía poco que hacer ya entonces en el mundo laboral, mucho mejor intentar alguna de las nuevas titulaciones en informática. Pero desde el principio lo tuve claro: con dieciocho años puedo dedicarme a estudiar lo que quiera y luego ya trabajaré de lo que sea.
En aquellos años cualquiera podía acceder a la universidad, eso sí, una vez que se hubiese terminado el BUP, el COU y aprobado la «selectividad» con mayor o menor nota según la carrera elegida. Cortapisas suficientes, creo yo, para que abandonasen quienes no estuviesen realmente interesados y para buena parte del resto estaba el primer curso en el que bastantes de los matriculados iban descolgándose antes de llegar junio.
Supongo que seguirá siendo más o menos lo mismo, dudo que nadie apruebe sólo por matricularse. Y eso me lleva a ponerme en guardia cuando oigo que tenemos demasiados universitarios en paro, que hay que endurecer el acceso a la universidad, adecuarlo a las necesidades del mercado laboral.
Y es que lo importante no es que los parados sean o no universitarios, sino el número de ellos que se va acumulando en los últimos años. Las necesidades cotidianas las tenemos todos, no dependen de nuestra afición al estudio (entiéndase las de cobrar un sueldo y subsistir dignamente día a día). En su momento estudié lo que me gustaba sabiendo que tendría que trabajar de lo que pudiera. Seguí estudiando y trabajando a la vez. Algunos de mis amigos sacaron la carrera después de tener un oficio. Otros no han necesitado pasar por la universidad para ser personas y trabajadores competentes.
Pero todos hemos tenido la oportunidad de formarnos cómo y dónde quisimos. Y eso es un logro de la sociedad democrática.
Posiblemente esté equivocada, pero no entiendo la universidad sólo como un aprendizaje para el futuro laboral, supeditado al mercado empresarial. Más bien la veo como el germen de las nuevas épocas, de la investigación, el avance y el paso hacia adelante. Si los parámetros de la enseñanza universitaria los marcan las empresas avanzaremos por caminos interesados, ninguna es una ONG.
lunes, 31 de enero de 2011
Con la que está cayendo
La poesía viva y cambiante nos permite reinterpretar la realidad y superar la incertidumbre del futuro
Con la que está cayendo
ESPERANZA MEDINA POETA Y PROFESORA En unos días en que hablar del tiempo da frío, y hacerlo de la sociedad y su futuro produce incertidumbre y miedo, es un alivio escuchar a jóvenes cargados de proyectos, profundamente activos y sumergidos de lleno en la realidad que les toca vivir, buscando respuestas e interpretando las preguntas.
Con la que está cayendo es útil hablar de poesía, de la poesía que supone analizarse a uno mismo, mirar alrededor, sentir como propio cada guiño, cada gesto que se nos acerca. Porque nadie que hable de poesía debe ser indiferente al mundo que le rodea.
Es difícil ser sensible ante la belleza e insensible ante la injusticia o el dolor. Al menos así lo he percibido en los jóvenes escritores que acompañaban el jueves pasado a la ganadora del Premio Ana de Valle de poesía del 2009 en la presentación de su libro «Provocatio», y en ella misma.
Sara Herrera Peralta se acerca a la literatura desde la observación de lo que le rodea. Su visión propia y personal de la sociedad está en lo que escribe.
Convivir con la poesía para mí siempre es un placer, pero con la poesía viva y cambiante, con la que late por sí misma y nos hace reinterpretar una y otra vez la realidad y el mundo, con miradas diferentes que nos llevan por caminos diversos.
Por eso cuando pienso en el único premio de poesía que se convoca en Avilés, en un Avilés que parece que cada vez es más cultura y menos «malos humos», me da un poco de pena comprobar que no somos demasiados los interesados en compartir con su autora algunos poemas. Quizás el resto espera el libro para disfrutarlo en la tranquilidad de sus casas.
Me produce también una cierta desazón comprobar que las poetas que han ganado este premio en los últimos años, y con las que he coincidido, aún teniendo interés por conocer algo de Ana de Valle, apenas encuentran algunos datos biográficos y poco más en la red.
Ana de Valle escribía y vivía en Avilés, pertenecía a su ciudad y a su época, a su sociedad y a sus ideales, que le llevaron a transitar un camino difícil, ¿no se merece que al menos las personas que se acercan a su premio puedan leer algo de su obra? Quizás fuese bueno hacer una pequeña edición con la palabra de la mujer que da nombre al único premio poético de esta villa que parece que camina hacia la cultura con mayúsculas y se olvida un poco de las minúsculas y los anónimos puntos suspensivos.
Con la que está cayendo
ESPERANZA MEDINA POETA Y PROFESORA En unos días en que hablar del tiempo da frío, y hacerlo de la sociedad y su futuro produce incertidumbre y miedo, es un alivio escuchar a jóvenes cargados de proyectos, profundamente activos y sumergidos de lleno en la realidad que les toca vivir, buscando respuestas e interpretando las preguntas.
Con la que está cayendo es útil hablar de poesía, de la poesía que supone analizarse a uno mismo, mirar alrededor, sentir como propio cada guiño, cada gesto que se nos acerca. Porque nadie que hable de poesía debe ser indiferente al mundo que le rodea.
Es difícil ser sensible ante la belleza e insensible ante la injusticia o el dolor. Al menos así lo he percibido en los jóvenes escritores que acompañaban el jueves pasado a la ganadora del Premio Ana de Valle de poesía del 2009 en la presentación de su libro «Provocatio», y en ella misma.
Sara Herrera Peralta se acerca a la literatura desde la observación de lo que le rodea. Su visión propia y personal de la sociedad está en lo que escribe.
Convivir con la poesía para mí siempre es un placer, pero con la poesía viva y cambiante, con la que late por sí misma y nos hace reinterpretar una y otra vez la realidad y el mundo, con miradas diferentes que nos llevan por caminos diversos.
Por eso cuando pienso en el único premio de poesía que se convoca en Avilés, en un Avilés que parece que cada vez es más cultura y menos «malos humos», me da un poco de pena comprobar que no somos demasiados los interesados en compartir con su autora algunos poemas. Quizás el resto espera el libro para disfrutarlo en la tranquilidad de sus casas.
Me produce también una cierta desazón comprobar que las poetas que han ganado este premio en los últimos años, y con las que he coincidido, aún teniendo interés por conocer algo de Ana de Valle, apenas encuentran algunos datos biográficos y poco más en la red.
Ana de Valle escribía y vivía en Avilés, pertenecía a su ciudad y a su época, a su sociedad y a sus ideales, que le llevaron a transitar un camino difícil, ¿no se merece que al menos las personas que se acercan a su premio puedan leer algo de su obra? Quizás fuese bueno hacer una pequeña edición con la palabra de la mujer que da nombre al único premio poético de esta villa que parece que camina hacia la cultura con mayúsculas y se olvida un poco de las minúsculas y los anónimos puntos suspensivos.
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